Desde que tengo uso de razón, los animales han sido mi gran pasión. Mientras otros niños pedían juguetes por su cumpleaños o por Reyes, yo solo soñaba con tener un compañero peludo en casa: un perrito, un gatito, pájaros, conejos… Disfrutaba pasando todo mi tiempo con ellos, cuidándolos y aprendiendo de su compañía.
Mi camino profesional comenzó casi por casualidad. Empecé trabajando como moza de cuadra en una hípica a cambio de poder estar con los caballos. Allí aprendí sobre su manejo, cuidado y limpieza, e incluso me enseñaron a esquilarlos con máquina. Esa experiencia despertó en mí una curiosidad que acabaría convirtiéndose en mi vocación: la peluquería animal.
Poco después descubrí que existían cursos de peluquería canina. Pedí un préstamo personal al banco y me formé a fondo en esta profesión, tanto en teoría como en práctica. Desde entonces, hace ya más de 25 años, me dedico a la peluquería canina con la misma ilusión del primer día.
A lo largo de los años he compaginado mi trabajo con el voluntariado en albergues, donde me encargo de poner guapos y aseados a los perrines para ayudarles a encontrar un nuevo hogar. Además, he seguido ampliando mi formación en distintas áreas del mundo del perro: adiestramiento canino, auxiliar de veterinaria, primeros auxilios y manejo de animales en albergues.
Hoy puedo decir con orgullo que he conseguido transformar mi pasión en mi forma de vida. Mi objetivo es que cada animal que pasa por mis manos se sienta cómodo, cuidado y feliz, porque sé que detrás de cada uno hay una historia única que merece todo mi respeto y cariño.